El pollo es la carne más consumida del mundo junto al cerdo, y probablemente también la más infravalorada. Aparece en todas las dietas, en todas las cocinas, en todos los recetarios de alimentación saludable. Pero lo que ocurre realmente en el organismo cuando se consume de forma regular es mucho más complejo e interesante de lo que la mayoría imagina cuando pide una pechuga a la plancha.
Esto es lo que los médicos y nutricionistas han documentado.
Lo que le pasa a los músculos
Un filete pequeño de pechuga de pollo aporta el 30% de las necesidades diarias de proteínas y solo el 5% de las kilocalorías de una dieta estándar, según el doctor Lucio Cabrerizo, responsable de la Unidad de Nutrición y Dietética del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. El pollo es la carne que aglutina en mayor medida los beneficios de los alimentos de origen animal y que posee en menor cantidad los elementos menos saludables.
100 gramos de pechuga de pollo cocida sin piel contienen entre 21 y 31 gramos de proteína de alto valor biológico. Estas proteínas son esenciales para la construcción y reparación muscular, la producción de enzimas y hormonas, y el mantenimiento del sistema inmunológico.
La proteína del pollo es completa: contiene los nueve aminoácidos esenciales que el cuerpo no puede fabricar por sí solo. Esto la convierte en una de las fuentes proteicas más eficientes disponibles en cualquier mercado, a un precio muy inferior al de otros alimentos con perfil similar.
Lo que le pasa al cerebro y al estado de ánimo
Este es el efecto menos conocido y más sorprendente. El pollo es una de las fuentes alimentarias más ricas en triptófano, un aminoácido esencial que el organismo utiliza para producir serotonina.
El triptófano es necesario para la formación de serotonina, un neurotransmisor que desempeña un papel crucial en la regulación del estado de ánimo, el sueño y el apetito. Además, el triptófano es precursor de la melatonina, hormona responsable de regular el ciclo sueño-vigilia y que también está relacionada con el estado de ánimo y el ritmo circadiano.
100 gramos de pollo aportan unos 200 mg de triptófano, cantidad similar a la del pavo. El pollo es una de las carnes blancas más ricas en triptófano, fundamental para regular el ánimo.
Un buen nivel de triptófano estabiliza las alteraciones del sistema nervioso —estrés, depresión o ansiedad— y mejora el nivel de energía. Además, favorece un sueño reparador gracias al estímulo de la melatonina, neurotransmisor que regula los ritmos circadianos y el descanso nocturno. La serotonina también controla el apetito y ayuda a equilibrar el consumo de hidratos de carbono.
👉🏻👉🏻👉🏻
Para ver las instrucciones completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>). No olvides compartirlo con tus amigos en Facebook.
