La indignación fue tan grande que el caso sacudió al país. Después, la sentencia fue revertida y en 2014 diez acusados terminaron condenados por el secuestro y la promoción de la prostitución de Marita Verón.
Pero ninguna condena respondió la única pregunta que Susana necesitaba responder.
¿Qué pasó con María?
Hubo testimonios que la situaron en prostíbulos. Otros hablaron de traslados. Con el tiempo, también aparecieron versiones sobre su posible muerte. Pero nunca hubo una certeza definitiva que cerrara el caso para su madre.
María de los Ángeles Verón simplemente desapareció.
Y más de dos décadas después, nadie ha dado una respuesta concluyente.
Susana Trimarco hoy supera los setenta años.
Ha recibido reconocimientos internacionales, premios de derechos humanos y homenajes de todo tipo.
Pero los premios nunca fueron lo importante para ella.
Su fundación sigue dedicada a asistir a víctimas de trata con apoyo legal, alojamiento, contención psicológica y acompañamiento para rehacer sus vidas.
La lucha está lejos de terminar.
Y ella nunca dejó de buscar a María.
No hay un final limpio en esta historia.
Susana salvó a 129 mujeres. Cambió las leyes de su país. Expuso redes de trata y complicidades institucionales. Sobrevivió al fuego, a las amenazas y al miedo que buscaba callarla.
Y nunca encontró a la persona que había salido a buscar.
Si María está viva, hoy tendría unos 47 años.
Su madre no sabe si murió poco después de ser secuestrada o si sufrió durante años. No sabe si alguna vez siguió esperando que la encontraran. No sabe dónde está.
Ese no saber es una tortura que no termina.
Y aun así, no la detuvo.
Susana dijo una vez que la desesperación de una madre la vuelve ciega al miedo.
Tenía razón. Esa desesperación la hizo entrar en prostíbulos controlados por criminales. La hizo enfrentarse a policías corruptos. La hizo seguir adelante a pesar de todo lo que intentó detenerla.
Pero no fue solo desesperación.
Fue amor. Y furia. Y la certeza de que cada chica que encontraba era la hija de alguien. La María de alguien. Y que merecía ser buscada con la misma fuerza.
Nunca encontró a María.
Pero encontró a otras.
Y cambió un país.
Y después de más de veinte años, sigue buscando.
Sigue luchando.
Sigue adelante.
Fuente: La Nación ("Diez años de búsqueda dolorosa y en soledad", 12 de diciembre de 2012)
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