La hipertensión arterial afecta a más de mil millones de personas en el mundo. Más del 30% de la población adulta vive con hipertensión arterial, considerada hoy una «epidemia silenciosa» y el principal factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares, incluyendo infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares.
Todo el mundo ha escuchado que «la sal sube la presión». Y es cierto. Pero esa explicación —tan simple, tan repetida— ha dejado fuera algo que los cardiólogos llevan años intentando comunicar: la hipertensión casi nunca tiene una causa única, y varias de sus causas más poderosas son exactamente las que nadie sospecha.
La sal oculta que nadie ve
La sal que se añade a los platos en la cocina es solo una pequeña parte del problema. El 80% del consumo de sodio proviene de alimentos procesados, mientras que solo el 20% es la sal que se agrega conscientemente durante la elaboración o el consumo de las comidas. El desconocimiento de la población acerca de la composición de los alimentos y su contenido de sal es alarmante.
El sodio es uno de los principales culpables de la hipertensión. Lo ideal es consumir menos de 2.300 miligramos de sodio al día, o incluso alrededor de 1.500 miligramos para quienes ya padecen hipertensión severa. Los alimentos procesados, enlatados y la comida rápida suelen ser extremadamente altos en sodio.
Pan de molde, embutidos, salsas envasadas, sopas de sobre, galletas saladas: todo contiene sodio en cantidades que la mayoría de personas no imagina. El problema no está en el salero. Está en el supermercado.
La causa que sorprende a médicos y pacientes: la apnea del sueño
La apnea del sueño, un trastorno en el que se interrumpe y reinicia la respiración varias veces durante la noche, es una de las causas inusuales de la hipertensión. Cuando una persona con apnea deja de respirar, el cerebro interviene y despierta al organismo para que respire, lo que puede ocurrir treinta veces o más por hora. Todo ese estrés y esfuerzo hacen que aumente la presión arterial, y no solo cuando se duerme, sino también cuando se está despierto durante el resto del día.
Cada evento de apnea sube la presión arterial nocturna 3 mmHg. La apnea obstructiva del sueño también está asociada con un mayor riesgo de ataque cardíaco y diabetes tipo 2.
Millones de personas toman antihipertensivos sin saber que tienen apnea del sueño no diagnosticada. La presión no baja porque el origen real del problema nunca se trató.
El estrés crónico: más allá del nerviosismo
El estrés sube la presión en el momento, eso es conocido. Pero lo que muchos no saben es el mecanismo exacto por el que el estrés sostenido —no el puntual— puede instalar la hipertensión de forma permanente.
Las hormonas que el cuerpo produce al estar bajo estrés emocional sostenido pueden dañar las arterias, lo que lleva directamente a poder padecer enfermedades cardíacas. Además, reaccionar al estrés de manera poco saludable —comiendo más, bebiendo alcohol, dejando de moverse— incrementa la presión arterial.
Los genes se expresan más cuando coexisten dieta alta en sodio y estrés. Es decir, alguien con predisposición genética a la hipertensión puede mantenerla bajo control si vive sin estrés crónico, pero la misma persona bajo presión constante y con una dieta rica en sal puede desarrollar hipertensión grave.
Los medicamentos que suben la presión sin que nadie lo advierta
Los analgésicos, los medicamentos para la migraña, los descongestionantes, los corticoesteroides y algunos suplementos a base de plantas pueden elevar la presión arterial. Un estudio de 2021 reveló que el 18,5% de los adultos con hipertensión tomaban uno o más de estos medicamentos.
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