Era 1942 y el barco iba a la deriva en el mar Arábigo como un ataúd flotante. A bordo viajaban 740 niños polacos, supervivientes de campos de trabajo soviéticos donde sus padres habían muerto de hambre o enfermedad. Habían logrado escapar, pero… 😱😱 Continúa abajo 👇🏻

"Ya no sois huérfanos. Ahora sois nawanagaris y yo soy el Bapu, el padre de todos vosotros".

Lo extraordinario de este caso es que Digvijaysinhji no quería que los niños perdieran su identidad. Dispuso los recursos para que tuvieran maestros polacos, comida de su cultura y celebraran sus festividades católicas en suelo hindú.

Durante cuatro años, hasta el fin de la guerra en 1946, el Maharajá financió su educación, alimentación y salud con su propia fortuna personal asegurándose de que mantuvieran sus raíces mientras estaban a salvo.

Hoy en día, muchos de los descendientes de esos "Niños de Balachadi" siguen reuniéndose para honrar su memoria. En Varsovia, una plaza lleva el nombre del "Buen Maharajá" en agradecimiento al hombre que, cuando las grandes potencias mundiales miraron hacia otro lado, decidió que la compasión era más importante que la política.

Fuente: Embajada de Polonia en India. Archivos de Historia de la Segunda Guerra Mundial. Documental "A Little Poland in India". Crónica histórica basada en hechos documentados sobre las relaciones diplomáticas entre India y Polonia durante la SGM.

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