Destruyó su imagen de estrella de cine por un papel que Hollywood le advirtió que podía acabar con su carrera. Se burlaron de ella por hacerlo. Y nunca se disculpó.
En 1997, Demi Moore tomó una decisión que inquietó a buena parte de Hollywood.
Se rapó completamente la cabeza.
No para una pequeña película independiente. No para un drama diseñado para ganar premios. Lo hizo para una película de acción sobre una mujer que lucha por superar un entrenamiento militar de élite, una historia que Hollywood no tenía claro que el público quisiera ver.
Para interpretar a la teniente Jordan O’Neil en G.I. Jane, Moore no se limitó a entrenar para parecer convincente. Se entregó por completo al papel.
Antes del rodaje, se sometió a una preparación física exigente con el ex Navy SEAL Stephen Helvenston. Sus días empezaban antes del amanecer. Corría durante kilómetros en la oscuridad. Trepaba cuerda una y otra vez hasta destrozarse las manos. Subía redes de carga de varios pisos y afrontaba circuitos de obstáculos pensados para llevar el cuerpo al límite.
Aprendió a hacer flexiones con un solo brazo y las hizo ella misma ante la cámara, sin trucos ni dobles.
Durante los entrenamientos, sus pies acabaron llenos de ampollas, y aun así siguió adelante.
Pero Hollywood no estaba preparado para lo que ella ofrecía.
Antes incluso del estreno, ya había empezado la reacción en su contra. Se cuestionó su salario y se observó cada uno de sus movimientos con una dureza especial. Después de la polémica que había rodeado a Striptease, Moore sintió que recibía golpes desde todos los frentes, como si hubiera traicionado una expectativa imposible al atreverse a ser femenina y feroz al mismo tiempo.
Cuando se estrenó G.I. Jane, la crítica se dividió. Algunos elogiaron la entrega física y la intensidad de Moore. Roger Ebert escribió que había asumido un reto enorme. El guionista David Twohy llegó a decir que era la interpretación de su carrera y que merecía una nominación al Óscar.
En cambio, terminó recibiendo un Razzie a la peor actriz, una de las decisiones más discutidas de aquella etapa.
La película recaudó algo más de 48 millones de dólares en Estados Unidos frente a un presupuesto de 50 millones. Hollywood la señaló como una decepción comercial. Y durante años, Demi Moore se apartó del foco que la había convertido en una de las mayores estrellas del mundo.
Pero con el tiempo pasó algo.
La película encontró a su público. Las conversaciones sobre las mujeres en unidades de combate fueron cambiando poco a poco. Y cuando el Departamento de Defensa de Estados Unidos abrió todos los puestos de combate a las mujeres en 2015, G.I. Jane empezó a parecer menos prematura y más visionaria.
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