¡Y NO, NO ES HARINA! 😎 El truco del chef para un estofado tan tierno que se deshace en la boca 👇

Cortaste la carne demasiado pequeña (o demasiado grande).

El tamaño de los trozos es más importante de lo que parece. Si los cortas demasiado pequeños, se secan y se vuelven fibrosos; si son demasiado grandes, se cocinan mal por dentro y corren el riesgo de quedar duros. Corta la carne en trozos de unos 3-4 cm por lado, todos del mismo tamaño, para que se cocinen uniformemente y obtengas un resultado perfecto.

Doraste mal la carne.

Dorar la carne demasiado rápido es uno de los errores más comunes: si la sartén no está lo suficientemente caliente o si añades demasiada carne a la vez, la temperatura baja y la carne suelta agua en lugar de sellarse, quedando pálida y dura.

La solución: dora unos pocos trozos a la vez en una sartén muy caliente sin tapa, creando una costra dorada que sella los jugos.

Añadiste demasiada sal.

A todos nos pasamos con la sal, pero eso tiene solución. Añade un par de patatas peladas y cortadas en gajos grandes, y un vaso de agua: deja que se cocine durante media hora. Las patatas absorberán parte del exceso de sal, recuperando el sabor.

La salsa está demasiado líquida

A veces, por miedo a que se pegue, tendemos a añadir demasiado caldo o agua. Sin embargo, esto siempre hará que la salsa quede demasiado líquida y la carne hervirá en lugar de cocinarse a fuego lento. El líquido debe cubrir la carne: añádelo poco a poco y mientras esté caliente, nunca todo de golpe ni frío. Si te has pasado, no hay problema: disuelve una cucharada de maicena o harina 00 en un poco de agua fría y añádela al guiso, removiendo bien. En unos minutos, la salsa se espesará y adquirirá la consistencia cremosa que debe tener.

Has usado la sartén equivocada

Elegir la sartén adecuada es fundamental: una sartén demasiado fina evaporará el líquido demasiado rápido y la carne podría pegarse. Si es posible, utilice una sartén o cacerola de fondo grueso con tapa, preferiblemente de hierro fundido, acero o terracota, para una distribución uniforme del calor y una cocción lenta y consistente.

No dispone de tiempo para cocciones prolongadas.

Un guiso requiere paciencia, pero si tiene prisa, puede usar una olla a presión. Reducirá el tiempo de cocción en aproximadamente dos tercios: para una receta que normalmente tarda dos horas, 40 minutos desde que suene la válvula serán suficientes. El resultado seguirá siendo tierno y sabroso.
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