La Marta, ingeniera, sacó planos.
PLANOS.
Yo no sabía si estábamos mudando la casa o lanzando un satélite.
"Chicas, atención: esto es una operación quirúrgica."
"¿Quién soy yo?" preguntó la Vane.
"Vos sos ansiedad con patas, pero te queremos igual. Andá a sostener la puerta."
Una estaba desconectando cables, otra martillando, otra gritaba:
"¿Esto explota si lo corto?"
"Y… puede ser."
"Bueno, lo corto igual."
Había una transmitiendo en vivo:
"Bueno gente, acá estamos, OperativoCasaLibre, si no aparezco más ya saben por qué."
Mi suegra ya estaba sentada mirando fijo, como viendo una novela turca, pero en vivo y con presupuesto cero.
En un momento gritamos:
"¡A LA UNA, A LAS DOS…!"
Y una dijo:
"¡Pará que me saqué la uña recién!"
"¡NADIE SE MUERE SIN PERMISOOOO!" gritó la Jessi.
Y ahí fue cuando pasó.
LEVANTAMOS LA CASA.
No sé cómo, no sé por qué, pero veinte mujeres con bronca acumulada pueden mover montañas… o exsuegras simbólicamente.
Íbamos por la calle cargando la casa y un vecino dijo:
"¿Es una protesta?"
"No, es terapia," le contesté.
Otro gritó:
"¡Eso no pasa en Discovery Channel!"
"No, porque ahí no muestran a mujeres despechadas," dijo la Caro.
Mi ex nos seguía en el auto, en silencio, procesando todas sus decisiones de vida.
En un momento frenó, bajó la ventanilla y dijo:
"Esto es ilegal."
"Como tus excusas, pero sobrevivimos," le respondí.
Cuatro horas después, dos descansos, tres discusiones y una casi electrocución, la casa quedó plantada en mi terreno.
PERFECTA.
FIRME.
Y SIN VOS.
Nos sacamos una foto grupal, todas destruidas pero felices.
Una dijo:
"¿Ahora qué hacemos?"
"Lo que mejor sabemos hacer," dije.
"Chusmear y comer."
Mi suegra me mandó un mensaje:
"Están todas locas."
Para ver las instrucciones completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>). No olvides compartirlo con tus amigos en Facebook.
