Me queda un mes. Jamás imaginé que la muerte tuviera una cita. Pensaba que era algo que llegaba de repente, sin previo aviso, como una visita inesperada. Pero me dieron una fecha concreta. Un mes. Treinta días. Setecientas veinte horas, aproximadamente. El diagnóstico no fue lo más difícil; lo más duro fue volver a encontrarme con él inmediatamente después. (Sigue leyendo en el primer comentario 🤯🤯🤯👇🏻👇🏻👇🏻)

—¿Por qué me miras así? —preguntó un día, mientras caminábamos por el parque.

—¿Cómo te miro?

—Como si fueras a irte.

Me reí, porque si no lo hacía, lloraría. Él no sabía que yo ya estaba yéndome.

Quise decírselo muchas veces. Lo intenté. Pero algo me detenía. Tal vez el egoísmo. Tal vez la cobardía. O tal vez solo quería vivir esos días sin tristeza.

Una noche, me llevó a ver el mar. Siempre supe que él recordaba lo que amaba.

—¿Y si nos damos otra oportunidad? —dijo, tomando mi mano con una ternura que me desarmó—. No sé qué pasó entre nosotros, Clara, pero esto… esto que siento ahora… nunca desapareció.

Las lágrimas se me escaparon antes de poder contenerlas.

—No puedo, Lucas.

—¿Por qué?

Respiré hondo. Ya no podía seguir mintiendo.

—Porque me estoy muriendo.

El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.

—¿Qué…?

—Tengo un mes de vida. Un problema en el corazón. Inoperable. Irónico, ¿no? Justo ahora que volví a sentirlo vivo… se va a detener.

Vi cómo se le rompía la cara. Cómo le temblaban las manos. Cómo no sabía si abrazarme o gritar.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?

—Porque no quería que me vieras como una tragedia. Quería que me recordaras riendo. No en una cama, con tubos y pitidos.

Me abrazó. Fuerte. Como si pudiera pegar los pedazos rotos.

—Entonces no te voy a dejar sola, Clara. Ni un segundo más.

Y no lo hizo.

Durante los días que siguieron, me amó con una intensidad que dolía. Cada gesto era una despedida. Cada beso, una promesa que no íbamos a cumplir.

Y cuando llegó el día treinta, me sostuvo la mano sin decir una palabra. Solo lloraba. Y yo también.

Porque a veces la vida es así de cruel: te devuelve lo que más quisiste, solo para que recuerdes cuánto duele perderlo.
🌾 Si esta historia te tocó el corazón, te pido un pequeño favor: dale like, comentá y compartila. Puede parecer un gesto mínimo, pero para mí significa mucho. Soy mamá de dos niñas y este es mi trabajo, mi forma de sostener nuestro hogar.

Para ver las instrucciones completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>). No olvides compartirlo con tus amigos en Facebook.