Se frota contra tus piernas como muestra de afecto.
¿Tu gato se frota suavemente contra tus pantorrillas en cuanto llegas a casa? No es solo para darte la bienvenida. Este comportamiento tiene un significado profundo: combina afecto, reconocimiento y… ¡marcaje!
Esto se debe a que las partes del cuerpo de tu gato que se frotan contra ti —los flancos, la barbilla y la base de la cola— están densamente cubiertas de glándulas de feromonas. Estas moléculas invisibles constituyen su tarjeta de identidad olfativa. Te conviertes en portador de su olor, permitiéndole comunicar: «Este humano es parte de mi territorio».
Orejas hacia atrás y ojos esquivos: es mejor alejarse. ¿Tu gato tiene las orejas dobladas, los ojos entrecerrados y la cabeza ligeramente girada? Mantente alerta: estos son síntomas de un gato irritado o agitado. Es su forma sutil de decir: «Ahora no, déjame en paz».
Con los bigotes pegados a las mejillas, tienes un gato a la defensiva, más asustado que hostil. En este caso, respeta su espacio. No es momento de acariciarlo.
Golpea el suelo antes de saltar: el instinto de cazador.
Una última actividad sorprendente ocurre cuando tu gato se queda inmóvil, fija la mirada en un objetivo (una mosca, un juguete o un calcetín en movimiento) y comienza a golpear el suelo con las patas como si se preparara para un salto olímpico. Este temblor no es un fallo; es un período de intensa concentración que precede al ataque.
Sus pupilas se dilatan y sus orejas se contraen ante el menor ruido. Calcula la distancia como un judoka que elabora una estrategia. Este ritual, heredado de sus ancestros salvajes, da testimonio de su agilidad innata.
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