4. Secado de fresas
El secado es un método excelente para conservar las fresas durante mucho tiempo, manteniendo su sabor dulce y concentrado (aunque no su textura). Es ideal para conservar grandes cantidades de fresas maduras que de otro modo no se consumirían, evitando así el desperdicio de alimentos. Las fresas secas se pueden usar de muchas maneras: como snack, añadidas a cereales, yogur o granola, o utilizadas en recetas de postres y repostería, e incluso como tentempié para llevar de viaje.
Para secar las fresas de la mejor manera, es necesario seguir algunos pasos previos: enjuagar suavemente las fresas bajo agua fría corriente y luego secarlas con papel de cocina. Retirar los tallos y cortar las fresas en rodajas finas (de unos 3-5 mm) o gajos, según se prefiera.
Por supuesto, la mejor manera es usar un deshidratador: colocar las rodajas de fresa en las bandejas del deshidratador, evitando que se superpongan; Ajusta la temperatura a unos 50-55 °C (122-131 °F) y el tiempo de secado a 8-12 horas, o hasta que las fresas estén completamente secas y ligeramente elásticas.
Si no tienes un deshidratador, puedes secar las fresas en el horno, aunque este método lleva más tiempo: precalienta el horno a 50-60 °C (122-140 °F), cubre una bandeja de horno con papel vegetal y coloca las rodajas de fresa en una sola capa. Hornea y deja secar durante 3-4 horas, o hasta que las fresas estén secas. Deja la puerta del horno ligeramente abierta para que escape la humedad. Deja que se enfríen completamente antes de guardarlas.
Por último, está el método de secado al sol, que obviamente solo es adecuado para climas cálidos y secos. Coloca las rodajas de fresa en una rejilla o bandeja, cubriéndolas con una gasa para protegerlas de los insectos. Déjelas al sol durante unos diez días (dependiendo del tamaño de las fresas), dándoles la vuelta de vez en cuando y colocándolas en un lugar bien ventilado y alejado de la humedad. Si prevé que va a llover, guarde las fresas en el interior hasta que deje de llover.
5. Preparación de mermelada
La mermelada de fresa, a medio camino entre una preparación y una conservación, es una conserva dulce y cremosa que permite disfrutar de su sabor fuera de temporada y, además, utilizarla como ingrediente en pasteles, tartas y galletas.
Para prepararla, utilice únicamente fresas frescas, azúcar y zumo de limón, sin añadir pectina ni espesantes artificiales, como en nuestra receta. Lo importante es no alterar el porcentaje de azúcar: esto garantiza su seguridad y reduce el riesgo de que se formen moho o bacterias durante su conservación. De hecho, la mermelada de fresa requiere un contenido de azúcar equivalente a aproximadamente el 50 % del peso total de la fruta, por lo que no necesita conservantes.
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