Y tuvo que cargar con esa verdad en el cargo diplomático más visible del país.
Pocas semanas después, Madeleine Albright juró como la primera secretaria de Estado de la historia de Estados Unidos.
Una antigua refugiada.
Descendiente de víctimas del Holocausto.
Y ahora una de las personas más poderosas del mundo.
La mayoría de la gente empieza a bajar el ritmo a los cincuenta y nueve.
Madeleine Albright apenas estaba entrando en su etapa más decisiva.
Impulsó la ampliación de la OTAN hacia el este, hacia antiguos países del bloque soviético.
Defendió la intervención ante la limpieza étnica en Kosovo.
Llevó los derechos humanos a salas donde el poder no siempre quería escucharlos.
Alguna vez lo resumió así: “Mi mentalidad es Múnich”.
Había aprendido pronto que el autoritarismo hay que frenarlo antes de que se convierta en tragedia.
Pero Albright también cambió la diplomacia de una manera inesperada.
Con joyas.
Después de que la prensa iraquí la llamara “serpiente” por sus críticas a Sadam Husein, apareció en una reunión llevando un gran broche con forma de serpiente.
El mensaje fue inmediato: si me llamas así, lo convertiré en lenguaje propio.
A partir de entonces, sus broches se volvieron legendarios.
Flores y mariposas cuando el ambiente era cordial.
Arañas o cangrejos cuando la tensión aumentaba.
Una bandera estadounidense para la firmeza.
👉🏻👉🏻👉🏻
Para ver las instrucciones completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>). No olvides compartirlo con tus amigos en Facebook.
