Se graduó con honores máximos.
Después vino la Facultad de Derecho de Yale. Luego la fiscalía de Manhattan, donde procesó casos de asesinato y narcotráfico, los mismos delitos que habían golpeado el barrio en el que creció. Un colega la vio una vez interrogar a un testigo y dijo en voz baja que era una de las personas más duras que había visto jamás en una sala judicial.
Llevaba siendo dura desde los siete años.
En 1991, el presidente George H. W. Bush la nombró jueza federal. Tenía 37 años. Cuatro años más tarde, una de sus resoluciones ayudó a poner fin a la huelga de las Grandes Ligas y salvó la temporada de 1995. Aficionados de todo el país aplaudieron a la jueza del Bronx.
Catorce años después, el presidente Obama la nominó para la Corte Suprema de Estados Unidos.
Fue confirmada por 68 votos a 31. La primera jueza hispana en la historia del tribunal. La tercera mujer en ocupar ese asiento. Y la primera persona con diabetes tipo 1 en llegar a esa corte.
Tenía 55 años, cinco más de la edad que un médico, muchos años antes, había insinuado que quizá no alcanzaría.
Hoy, Sonia Sotomayor tiene 71 años. Se administra insulina varias veces al día. Usa un monitor continuo de glucosa. Lleva tabletas de glucosa en el bolsillo durante los alegatos orales. Ha escrito libros infantiles para niños con enfermedades crónicas, recordándoles algo sencillo: que una enfermedad no define lo que pueden llegar a ser.
Sigue sentada en la Corte Suprema. Sigue decidiendo casos. Sigue presentándose.
Los médicos de comienzos de los años sesenta estaban midiendo su futuro con los límites de la medicina de aquella época.
Olvidaron tener en cuenta a la niña sobre la silla.
La que miró un problema que los adultos no podían resolver y decidió, en silencio, sin hacer ruido, antes del desayuno, que se encargaría ella misma.
Y nunca dejó de hacerlo.
Fuente: Encyclopaedia Britannica ("Sonia Sotomayor | Supreme Court Justice, First Latina", consultado en 2026)
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